05 agosto 2021

Opus et labor

Marcel Hicter

En 1948, cuando algunos líderes juveniles se reunieron en Londres para crear la Asamblea Mundial de la Juventud, habíamos fijado como tema prioritario de nuestras reflexiones la evolución de los accesos al ocio. Fue entones cuando, sin duda alguma antes que nadie, Jean Joussellin hacía esta reflexión capital: “En todas las lenguas occidentales, antiguas y modernas, dos palabras designan las actividades profesionales del hombre; estas dos palabras las distinguen según su dignidad o degradación: opus y labor, werk y arbeit, work y labour, obra y trabajo.”

La obra es el resultado feliz del trabajo; el opus es lo que Beethoven y Mozart podían marcar sobre sus manuscritos después de sus noches de trabajo.

El trabajo es el suplicio. Trabajar viene del latín vulgar tripaliare, que quiere decir torturar con un tripalium, instrumento compuesto por tres barrotes puntiagudos sobre los que se ataba a los recalcitrantes para hacerles conocer la alegría del trabajo y obrigarles a tener más respeto a la sociedad; de ahí vienen esas diferencias gramaticales que hacen que, en francés, trabajo tenga dos plurales: travail-travails, travail-travaux; algunos de nosotros hemos visto aún estos instrumentos, a los que se sujetaba a los caballos para herrarlos, en las herrerías de nuestros pueblos.

Janne, H. y otros. 1968. La civilizacion del ocio. Madri, Guadarrama.

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